La meditación de atención plena podría ayudar a la rehabilitación de algunos drogadictos

El equipo de Suzette Glasner, profesora adjunta en el Instituto Semel de Neurociencias y Comportamiento Humano de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Estados Unidos, ha completado una llamativa investigación cuyos resultados sugieren que la técnica mental conocida en Occidente como meditación de atención plena (Mindfulness), de larga tradición en China, así como otras estrategias similares, podría reducir la probabilidad de recaída para ciertas personas que tratan de romper su adicción a drogas como la cocaína y la metanfetamina (también conocida como “Speed”).

 

Los resultados del pequeño ensayo clínico indican que la práctica de la meditación de atención plena es particularmente beneficiosa para adultos que dependan de drogas estimulantes y que hayan sido diagnosticados con depresión o ansiedad, trastornos comunes entre las personas con adicción a sustancias.

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Cuando los consumidores de drogas estimulantes intentan dejarlas, algunas de las quejas más frecuentes se refieren a la sensación insoportable de depresión, tristeza y ansiedad, afecciones que a menudo llevan a las personas a abandonar el tratamiento antes de tiempo. “La práctica de la meditación de atención plena no solo les ayuda a gestionar las ansias y los impulsos, sino que también les permite afrontar mejor la incomodidad psicológica que puede precipitar una recaída”, explica Glasner.

 

Cerca de 34 millones de personas en todo el mundo utilizan drogas estimulantes de tipo anfetamínico, y 17 millones consumen cocaína, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Durante la pasada década, la producción y consumo de drogas estimulantes anfetamínicas han crecido de forma preocupante. El consumo crónico de estas sustancias altamente adictivas puede causar complicaciones de salud física y mental, incluyendo problemas cardiovasculares, una mayor susceptibilidad a las enfermedades infecciosas, depresión, ansiedad y paranoia.

 

Fuente: noticiasdelaciencia

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