Los nuevos campamentos para niños: más yoga y menos juegos

Un campamento es el lugar al que los padres confinan a sus hijos para tenerlos colocados hasta que ellos cogen las vacaciones. Pero vuelva a su niñez: estas temporadas consistían en echar carreras y hacer pan, como si todo lo anterior -la ciudad, el colegio…- nunca hubiese existido. Y siempre había ganas de alargar la jornada un poco más.

-Elena, ¿estás dormida?- se oía en el piso superior de la litera.

-No, tía. ¿Y tú?

-Yo tampoco.

-Ni yo.

La verdadera patria del hombre es la infancia, dejó escrito Rilke. El verano, su capital.

Surge este artículo en pleno furor de la psicología positiva, en el año en el que han llegado a España los campamentos mindfulness, una alternativa de ocio vacacional con recorrido en países como EEUU e Italia y pensada para que nuestros menores aprendan a gestionar su estrés en 15 días. La cuestión es: ¿qué ha pasado para que algunos padres decidan que su criatura necesita antes meditación que carreras de sacos? ¿Realmente es el yoga y no el escondite la solución?

El término mindfulness nace en Boston. Significa «atención plena» y alude a un método para fulminar el estrés a través de la meditación. Bebe de la práctica budista pero es laico y en Occidente viene aplicándose desde los 70. De un tiempo a esta parte, es la palabra de moda. Invadió primero el mundo de la empresa y ahora empieza a extenderse a todos los ámbitos de la vida. Ronda los 40.000 resultados en Google y ofrece 1.049 aplicaciones en la tienda de Apple.

Volvamos a los niños. Los responsables de Proyecto Mind celebran este verano su primer campamento mindfulness en la Sierra de Madrid. Tienen plaza para 80 chavales, a 390 euros por quincena. Lo definen como «un lugar mágico y sin competencias donde poder investigar, y compartir con otros la alegría de vivir». Apostillan que es un espacio en el que «la imaginación no tiene límites» y «para que los niños aprendan a conocerse». Entre sus actividades destacan el yoga, elchi-kung y el body scan.

La trabajadora social Sofía del Rey, coordinadora de la iniciativa, cree que el aire libre es perfecto para adentrarse en la técnica. «Hay juegos en la piscina, por supuesto, pero nos centramos en dinámicas creativas, educación emocional… todo lo que es importante para un niño», enumera antes de referirse a la demanda creciente de este tipo de actividades. «Sus beneficios están demostrados científicamente. Muchos padres ya los han comprobado y ahora quieren aplicar su nueva sensibilidad a la gestión emocional de sus hijos. Les estamos haciendo vivir en un mundo de mayores, enganchados a la tecnología, a veces medicados con química para adultos… esta terapia les ayuda a combatir estos problemas. Acabará entrando en las escuelas, como lo ha hecho en países como Holanda».

Precisamente, la terapeuta holandesa Eline Snel es la gurú internacional de la materia. Fundadora de la Academia Internacional de Enseñanza de Mindfulness, es conocida en todo el mundo por su método de meditación para niños, recogido en el libro Tranquilos y atentos como una rana, que se acerca a los 200.000 ejemplares vendidos. Granados insiste en que funciona: «Si les ayudamos a gestionar la ira, la frustración… su vida va a ser mejor».

Nada nuevo. Otras corrientes han apostado antes por estas máximas propias también de la terapia cognitivo conductual. Así lo reconoce la catedrática de Psicología María del Carmen Moreno, responsable en España del informe que elabora la OMS para radiografiar a los adolescentes occidentales. En las últimas tres ediciones, señala, hemos estado a la cabeza de los 40 países encuestados en aspectos como la presión que sienten los menores en la escuela.

«Es positivo que se desarrollen dinámicas que ayuden a los niños a poner nombre a las emociones, relajarse, controlar la ansiedad, detenerse en lo simple…», advierte. «No obstante, el mindfulness, como cualquier táctica, dependerá siempre de quién la imparta y de si está acreditado para ello. Ahí es donde me crean desconfianza las tendencias, porque enseguida se acercan al negocio».

Silvia Álava, del Colegio de Psicólogos de Madrid y autora del libro Queremos que crezcan felices, está de acuerdo en que se busque un tiempo para que los menores sean conscientes de sus emociones y controlen sus nervios. Pero recomienda que ese tiempo no se reduzca a unos días en verano. «Lo que necesitan es jugar y ser tratados como niños, no como mini adultos. Elmindfulness, la meditación… no pueden convertirse en otra obligación más ni podemos planificar sus horarios en función del tiempo que el adulto precise».

En Real de la Jara (Sevilla), la psiquiatra Magdalena Arcia organiza otrocampamento de atención plena: «Se nos ocurrió que sería bonito hacer algo lúdico y que a la vez les ayudase a familiarizarse con el concepto». Los padres que se han interesado por la propuesta ya están iniciados en el tema. «Además de yoga y meditación, queremos que el niño ponga los sentidos en lo que está haciendo. Degustar una comida en silencio, escuchar el sonido de los pájaros… La tecnología está tan integrada en su día a día que su atención es muy dispersa. Vivimos obsesionados con que practiquen deporte, hablen idiomas… Nosotros educamos su mente para que vivan el momento y su concentración fluya. El mindfulness logra organizar el cerebro».

Dependerá, en cualquier caso, del niño y de cómo se le plantee la actividad. Al habla un escolar cualquiera, de nueve años:

-Rafa, ¿qué te relajaría más ahora, meditar o ir a la piscina?

-¿Tú qué crees?

 

Fuente: elmundo.es

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